Entrevista sobre «Pez volador» en el Festival Internacional de Cine de Las Palmas

Enlace a la entrevista realizada por el Festival Internacional de Cine de Las Palmas.

Pez volador cierra la serie Distopías alcanzadas desarrollada por Nayra Sanz Fuentes en el último tramo de su carrera como cineasta. Sanz recorre escenarios contemporáneos revisados con la cámara para construir ante el espectador una verdadera inquietud acerca de lo que nos hemos convertido. “Creo que el problema reside en lo difícil que nos está resultando modificar nuestra forma de vivir, el sistema de vida que hemos creado. No sólo porque no queramos asumir todas las consecuencias que esto implica, sino también porque las alternativas reales, o todavía no existen, o, si se proponen, implican alterar de forma radical nuestras maneras de relacionarnos y comunicarnos, y esto es algo difícil de asumir”, apunta la directora.

Su último corto aborda la contaminación de los plásticos en los océanos, desde una mirada submarina que traslada la inquietud al espectador. “Llevamos años, sobre todo en la última década, escuchando las terribles consecuencias que este modelo tiene para nuestro ecosistema, y que si la situación no se revierte de forma urgente van a darse situaciones catastróficas. Sin embargo, vivimos en una especie de estado catatónico, ya que las alternativas son muy confusas o incluso contradictorias. Por eso, para mí es fundamental seguir recalcando y subrayando esta realidad, y hacerlo con fórmulas diferentes”, añade la realizadora.

En Pez volador ha optado por usar “un lenguaje alegórico y muy sensorial, con el propósito de dialogar con el espectador más desde los sentidos que desde la razón; tratar de plasmar el terrible impacto que estamos ejerciendo sobre la naturaleza de una manera desajustada y desmedida. Hay que decirlo tantas veces como sea necesario, hasta que genere una agitación que nos lleve a la acción real”.

El rodaje del corto tuvo dos fases. “Por suerte, una antes de la pandemia, ya que si no toda la primera parte del cortometraje, en la que aparecen grupos de gente, no se podría haber rodado prácticamente hasta ahora debido a las restricciones”, desvela Sanz. La segunda parte se grabó cuando se levantaron estas, “pero fue mucho más sencillo, en un espacio cerrado y controlado”.

Pez volador tuvo su estreno nacional en la última edición del Festival de Málaga, y tras su paso por el Festival de Las Palmas de Gran Canaria va a participar en DocumentaMadrid. Es sólo el inicio de un tránsito por otras citas que reafirman la determinación de Nayra Sanz como realizadora: “Lo que me interesa como creadora es trabajar de la mano entre el fondo (lo que quiero contar) y la forma (el modo que elijo para hacerlo). Para mí es muy importante que el espectador pueda dialogar con el material, con la imagen y el sonido, no sólo recibir una información a través de la palabra”. Para Sanz, “el cine es un lenguaje muy complejo con el que se pueden hacer multitud de propuestas, así que considero que más que innovar lo que trato es de encontrar mi propia forma de exponer y transmitir; tratar de encontrar una narrativa que sea lo más coherente posible con mis principios”.

Después de cerrar con Pez volador la serie Distopías alcanzadas la realizadora, licenciada en Filología Hispánica, especializada en literatura contemporánea y Diploma de Estudios Avanzados por la Universidad Humboldt de Berlín, ha llegado al punto de plantearse un nuevo proyecto de largometraje. ¿Ficción o documental? “Quiero meditarlo con calma antes de comenzar”. De momento, Sanz, que fue directora de producción y montadora del largometraje documental Edificio España (2014), y coproductora y coguionista de La ciudad oculta (2018), ambos, films de Víctor Moreno, ha terminado de trabajar como coproductora y coguionista en el cortometraje Réquiem Georg, de Raúl Riebenbauer. Una pieza que ganó el premio de distribución de la Comunidad Valenciana y que se estrenará próximamente.

Sanz reivindica un mayor protagonismo del cine en la educación, porque en caso contrario “las propuestas artísticas independientes corren un serio peligro. Siento”, añade, “que existe un serio problema en las sociedades actuales si el cine, extendido al audiovisual, no se entiende como un lenguaje propio que está marcando nuestra forma de relacionarnos: al fin y al cabo estamos en la era de la imagen”. Sin embargo, “esta circunstancia no se ha integrado en los currículos escolares, lo que implica el gravísimo riesgo de que el alumnado no sepa diferenciar con criterio entre un reportaje, un documental, el cine de autor, o una no ficción, por ejemplo. Para que esto cambie tiene que existir una fuerte convicción y voluntad política, sumado a la demanda de los padres, que deben ser un eslabón para las nuevas generaciones, que han nacido en un momento en el que la tecnología es una realidad prioritaria”.

“Personalmente”, Sanz está “tan comprometida con esta realidad que es la razón por la que me interesa ser docente y mediadora, más allá de creadora. Por eso, entre otras cosas, llevo casi siete años en la Muestra de Cine de Lanzarote, desarrollando un programa dedicado de forma exclusiva a que la juventud se acerque a ver y pensar otro tipo de cine que no sea únicamente el comercial”.

De cualquier modo, el Festival de Las Palmas de Gran Canaria lo sigue percibiendo como “un referente clave desde que comencé a trabajar en cine. He tenido la oportunidad de proyectar todos mis trabajos e incluso ganar tres premios diferentes como directora, con Encounter, Things in Common y Sub Terrae, lo que ha sido muy emocionante. Además”, conviene la cineasta, «me ha abierto a un tipo de cine realmente interesante que me ha permitido aprender, tiene una línea editorial vanguardista y coherente. Aunque lo que más destacaría es la oportunidad que me ha dado para conocer a parte de mi generación, con la que he podido compartir y crecer en el ámbito personal y profesional: eso ha sido un verdadero regalo”.