Crítica sobre «Pez volador» de Juan Antonio Moreno (Corto pero intenso)

Artículo publicado en Corto pero intenso el día 24 de marzo de 2022.

Nayra Sanz Fuentes lleva a cabo desde hace unos años una travesía fílmica verdaderamente importante. Su cine reflexiona y alerta de los peligros y cambios que se están produciendo en la sociedad actual. En su obra realiza una radiografía muy valiosa, con un discurso intelectual honesto e impecable acerca de la quiebra que ha provocado en el ser humano la consagración de un tótem, el dinero, representado en nuestros días por el petróleo y el plástico que han acentuado el desmembramiento del medio natural. Desde la revolución industrial, se consolida un discurso cada vez más regresivo que niega la dignidad del hombre y de la mujer y que devalúa su entorno medioambiental.

Pez volador (2022) es el brillante colofón de la serie “Distopías alcanzadas”, con el que denuncia las graves amenazas que acechan al planeta y que conforma una cartografía sobre la nueva realidad a la que se ve sometido el ser humano, como resultado de las prácticas que privilegian la inmediatez y la rentabilidad económica.

La pieza cuenta con una producción muy cuidada de Alberto Bódalo y de la propia directora, donde la imagen transmite verdad y, sobre todo, tiene sentido narrativo. Es una experiencia sensorial en la que el sonido es el eje cardinal. Participamos de una representación idealizada y alegórica que muestra, desde las profundidades marinas, un instante idílico en el que un grupo de personas convive en armonía con las especies marinas: el ideal de coexistencia, aunque será abruptamente interrumpido.

Un plano general de una multitud en la playa, que dibuja unos personajes diminutos -que asocio a la obra del genial pintor valenciano Juan Genovés– se encadena con la irrupción de objetos flotantes: desechos que envenenan los mares. En esas secuencias, filmadas con muy buen pulso, Sanz identifica la degradación del medio ambiente y el peligro que acecha a la biodiversidad.

No obstante, entre tanta basura, la cineasta canaria extrae arte, al igual que su paisano Manolo Millares en sus legendarias arpilleras. Como siempre, el arte aporta un punto de belleza y una mirada que enriquecen al ser humano.

Pez volador es una metáfora sobre la libertad escamoteada y vencida por el vértigo político/financiero que impone prácticas neoliberales cegadas por un capitalismo feroz que privilegia el beneficio sobre todos los principios.

Por tanto, nos encontramos ante una magna propuesta, un archivo audiovisual impresionante en el que Nayra Sanz Fuentes desvela las aristas de un mundo en peligro. En unos tiempos en los que la incertidumbre adquiere una presencia absoluta/absolutista, la directora consigue algo fundamental: crear conciencia, palabra muy olvidada e importante.

El crítico y pionero en el estudio del documental Bill Nichols defiende que “las imágenes ayudan a constituir las ideologías”. En este ensayo audiovisual, Sanz Fuentes interpela al espectador mediante unas imágenes impactantes e impregnadas al mismo tiempo de una poética muy particular para que reaccione ante la destrucción del planeta.

Mediante el uso de las herramientas del séptimo arte tenemos a nuestro alcance las claves para cambiar el rumbo de la historia. La cineasta canaria deja un legado fílmico en el que forma y fondo confluyen para explicar una realidad ineludible.

Otro gran documentalista como Llorenç Soler lo expone con claridad meridiana: “el buen documental, como intérprete de una realidad, debe estar tan cerca del poeta como del periodista”.

Todo ello converge en este monumental trabajo. La hondura de sus imágenes, su transcendencia poética y su compromiso social imprimen a fuego el punto de vista de una directora que dignifica un género esencial y necesario para entender los males que atenazan el desarrollo de un mundo más libre.