Crítica de «Derivas» por Juan Antonio Moreno

DERIVAS DE NAYRA SANZ

Mutaciones

La cineasta canaria Nayra Sanz Fuentes lleva un lustro embarcada en la serie “Distopías alcanzadas” en la que cavila sobre la relación del hombre con la época que le toca vivir. Un reto que sedimenta en piezas que ahondan a través de la imagen en la interacción del ser humano con la naturaleza y en su adaptación a la máquina, ese instrumento ideológico en cuanto que dirige y culmina los cambios sociales que se producen en cada momento. Mutaciones ya iniciadas en el Neolítico, con la formación de las clases sociales, y que se consolidan durante la Primera Revolución Industrial de mediados del siglo XVIII, que han modificado sustancialmente la vida de las personas.

Nayra explora territorios que convergen en cada una de las cuatro propuestas fílmicas realizadas -falta Pez volador, la quinta, y ya en fase de posproducción-. Espacios que retienen una mirada límpida donde el sonido es un recurso narrativo fundamental. Así, Sub Terrae (2017), En esas tierras (2018), Selfie (2019) y Derivas (2020) conforman una visión muy clarificadora de las realidades que nos acompañan en este siglo XXI. Son obras que conectan entre sí y que ofrecen el punto de vista de una creadora muy comprometida.

Como digo, el sonido es esencial en esta serie y en Derivas acrecienta su protagonismo, aunque también hay lugar para los silencios. El inicio de la cinta es elocuente. Olas que escapan del mar embravecido y que chocan con las rocas, dejando un sonido que el viento expande. Es la expresión fílmica de una poética visual que anuncia alegóricamente la interrupción de la tranquilidad. La llegada de los turistas a las islas impone una banda sonora ruidosa a una tierra que vive en calma y que habita en otra realidad. Unos habitantes que han de afrontar una nueva exigencia vital: mantener una actitud gregaria y transformarse en vendedores. Gentes de la mar, pescadores que ven quebrada su existencia y que asisten impertérritos a la pérdida de sus raíces motivada por la modificación progresiva de un espacio que ahora se entrega a otros intereses.

Derivas está producida por Rinoceronte Films, la compañía de Nayra y de su hermano Javier y en ella se aprecia una cuidada planificación. La inmensa labor fotográfica de Víctor Moreno y de la propia directora acomoda la luz al relato, dibujando una estética muy hermosa.

La cineasta se recrea en imágenes que representan el contexto del espacio invadido. Es una alegoría sobre la existencia de dos mundos antagónicos que se aprecia en mágicos momentos que fijan claramente una realidad que, aparentemente, se opone a la impuesta por el vil metal.

Las secuencias del puerto pesquero y la charla entre los pescadores (calma) contrastan con la adaptación a los nuevos tiempos (el restaurante). Incertidumbre existencial que queda magníficamente registrada en el rostro de ese hombre que mira al vacío.

Nayra Sanz entrega una pieza magnífica que deja constancia de ese diálogo tan desigual entre el hombre y el dinero, un universo, el del capitalismo, que ha trastocado la esencia humana desde tiempos inmemoriales.

Con todo, la cineasta canaria edifica una serie de obras ciertamente destacadas en las que desvela con una penetrante mirada, los territorios comunes de nuestras vidas, básicamente el control y poder de transformación que ejerce la máquina.

Cine profundo y reflexivo. Cine de la imagen y de su poder de representación. Cine que nace de la ética y que también es político en su aproximación a las sociedades que emergen contaminadas por el dinero.

Nayra Sanz cual demiurgo, impulsa un universo creativo que retrata de forma magistral la realidad de un hombre asentado en la incertidumbre existencial y empujado a renunciar a su propia identidad.

Juan Antonio Moreno

 

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