Premio en el Festival de Bogotá para un film que protagoniza Lamazares

Santiago. «La película es una defensa del arte entendido como esfuerzo, como intensidad y como profundidad. Tratamos de rescatar la memoria y el legado de poetas como Hölderlin, Rilke y Machado, porque pensamos que en estos tiempos en que lo telemático y lo hiperveloz lo engulle todo, ellos siguen dándonos claves para enfrentarnos a la existencia. Algo que también hace, sin ninguna duda, Antón Lamazares». Son palabras de los hermanos Nayra y Javier Sanz Fuentes, directores de Tan Antiguo como el mundo, film que la pasada noche recibió el Círculo precolombino de oro al mejor documental de arte Enrique Grau (apartado en el que competía), en la XXIX edición del Festival Internacional de Cine de Bogotá.

Producida por la joven productora de cine Rinoceronte Films, Tan Antiguo como el mundo es un largometraje construido como un viaje poético por diferentes lugares del mundo: Galicia, Jordania, Nueva York o Berlín. A lo largo de 80 minutos, el protagonista de la película, el pintor gallego Antón Lamazares, transita por diferentes paisaje y ciudades mientras dialoga y reflexiona con amigos y familiares acerca de la memoria, la violencia, la muerte o el tiempo.

PRIMER LARGO. Este trabajo, el primer largometraje realizado por los hermanos Sanz Fuentes, se presenta como una apuesta lírica alejada del lenguaje tradicional. Antón Lamazares se encuentra y dialoga con varios amigos y familiares, como el poeta Carlos Oroza, el ensayista Javier Fuentes, el escritor Carlos Reigosa, o su propia madre: María Silva. Con todos ellos el protagonista analiza la complejidad de un mundo cargado de contradicciones.

Este trabajo, el primer largometraje realizado por los hermanos Sanz Fuentes, se presenta como una apuesta lírica alejada del lenguaje tradicional. Antón Lamazares se encuentra y dialoga con varios amigos y familiares, como el poeta Carlos Oroza, el ensayista Javier Fuentes, el escritor Carlos Reigosa, o su propia madre: María Silva. Con todos ellos el protagonista analiza la complejidad de un mundo cargado de contradicciones.

A lo largo de este viaje reflexivo, Lamazares atraviesa también numerosos paisajes en los que la realidad se mezcla con el sueño y con la imaginación, buscando así un territorio en el que lo espiritual sigue siendo posible y en el que no todo queda limitado al uso material de las cosas.

Publicado en El correo gallego.