La Historia como ficción espectacular (Ignacio Serrano)

La Cineteca de Matadero Madrid estrenó la semana pasada el largometraje documental «Tan antiguo como el mundo», de Nayra y Javier Sanz Fuentes, uno de los trabajos más interesantes de la temporada dentro de este género cinematográfico.

Recientemente galardonado con el prestigioso Círculo Precolombino de Oro en el 29 Festival Internacional de Cine de Bogotá, este relato audiovisual es un profundo viaje reflexivo acerca del lugar del arte y la cultura en el mundo contemporáneo. «Nos encontramos en un momento histórico especialmente inquietante –explica Nayra acerca del origen de su obra–; un momento de lucha en que el consumismo y el capital expulsará, de una vez por todas, como se proponía Platón en la República, a los poetas de la polis, o, por el contrario, un momento en que el arte y el pensamiento, entendido en toda su profundidad, siga siendo una vía de entendimiento del mundo, una forma necesaria de generar mirada y relaciones con los otros. Es decir, el arte como un poder reflexivo, afectivo y de acción».

El documental discurre por lugares tan distantes como Galicia, Jordania, Nueva York o Berlín, pero siempre está guiado por la narración del pintor gallego Antón Lamazares. «La dialéctica que se plantea en la película es la razón por la que elegimos a Lamazares como protagonista: un artista con una contundencia pasmosa en su postura artística y vital, que transmite su concepción del mundo en un tiempo dominado por el relativismo cómplice», asegura Nayra.

La ideología del consumo

El documental se pregunta qué le queda al arte cuando la economía lo domina todo. «Sin lugar a dudas, nosotros consideramos que el arte entendido en toda su dimensión, es político, y por tanto ético», dice la autora. «El problema es que estamos asistiendo, entre el estupor y la resignación, a una catástrofe: el hecho de vivir la Historia a través de la ficción espectacular».

«Tan antiguo como el mundo» demuestra que el camino hacia la coherencia no está exento de contradicciones, ni mucho menos, «lo que hace muy difícil llegar a una conclusión cerrada», opina Nayra. «Desde que el consumismo se introdujo en nuestras sociedades como un sistema ideológico, retornar a ciertas actitudes sociales de conciencia es prácticamente imposible».

Publicado en ABC.