Crónica de Claudio Utrera sobre «Selfie» (La Provincia de Las Palmas)

Fragmento de la crónica publicada por Claudio Utrera en La Provincia de las Palmas el día 29 de noviembre de 2019.

Un conjunto de cinco cortometrajes autóctonos de reciente producción, algunos estrenados ya en diversos certámenes europeos, constituyen hoy el eje principal de la Muestra de Cine de Lanzarote tras concluir ayer la presentación de los siete largometrajes de la sección competitiva y la práctica totalidad de la interesante retrospectiva sobre la sal que ha venido ofreciendo el festival desde sus primeras jornadas dentro de la sección denominada Trasfoco y que nos ha proporcionado sorpresas del calibre de El mar inmóvil (2017), de la cineasta grancanaria Macu Machín; Araya (1959), de la venezolana Margot Benacerraf o My Name is Salt (2013), de la directora india Farida Pacha, obras dotadas en su mayoría de una gran sensibilidad visual y de un riguroso sentido de la reflexión ante un tema de una incuestionable proyección social.

La organización de la Muestra, que busca en este apartado específico –Cruce de caminos– la diversidad temática y la libertad formal de los cineastas isleños ante el gran desafío de la creación, pone también el acento en Lanzarote como granero de personajes que han aportado a la isla, y por ende al conjunto del Archipiélago, un valioso legado cultural, como son los casos que se muestran en los documentales Juan Brito: Tamia, de Alfonso Palazón, y Pillimpo, de Rafael Montezuma, dos testimonios muy bien armados acerca de sendos personajes interesados en profundizar, a través de sus actividades en el ámbito de la artesanía, la escultura y la investigación de hondas raíces antropológicas, en nuestro pasado más lejano, creando el mejor caldo de cultivo para el debate, siempre candente, sobre la larga y procelosa evolución de la historia isleña desde los remotos años de la conquista.

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Selfie, la última pieza cinematográfica de la multipremiada cineasta canaria Nayra Sanz, tampoco defraudó nuestras expectativas pues la suya es, si cabe, una de las películas más abrumadoramente inteligentes, inspiradas y rompedoras que se han presentado este año en el certamen conejero. Su propensión natural a condensar sus ideas cinematográficas en un conjunto de imágenes enigmáticas que no dejan a nadie indiferente, cobran esta vez un mayor sentido ante la cruda realidad de ese mundo monitorizado, gris y cuasi apocalíptico que nos dibuja en diez escasos minutos de proyección y a través de apenas media docena de tomas. Una vez más, el cine de esta joven directora, situado fuera de toda norma, destila inquietud, tensión y voluntad de comunicación con el espectador desde una posición que nos envuelve constantemente y que nos conduce a un estado de síntesis visual como pocas veces hemos podido ver en una cineasta de su generación.