«Sub Terrae» en Alcances 2017 (Francisco Mesa)

El documentalista tiene como obligación de explorar nuevos espacios narrativos en los que desarrollar su trabajo. A veces, el azar los presenta a sus ojos, y el don de la oportunidad prevalece sobre otras consideraciones para valorar su trabajo. En la mayoría de los casos es el resultado de una búsqueda en constante alerta para encontrarlos, como ocurre con el documental Sub Terrae. El relato se aprovecha de un espacio singular  que contiene dos elementos diferenciables, pero conexos entre sí, que se funden en uno para conformarnos la imagen similar a la de un infierno: un lugar espantoso y horroroso, donde la muerte impera y la esperanza se esfuma.

El primero de los elementos de ese espacio narrativo es un cementerio. ¡Qué original!, dirán ustedes. Lo singular es que, como en las películas de horror, la cámara viaja por sus pasillos, bajo la vigilancia inquietante de aves carroñeras apostadas en lo alto de las hileras de nichos. No había tenido ocasión de ver anteriormente un cementerio con estas características y aunque sin llegar a ser epatante, la imagen no deja generarnos una sensación de incomodidad y desasosiego. El agrupamiento coral de córvidos y buitres negros, en posición de espera, suena como una sinfonía de la muerte, que enmarca perfectamente con el registro documental de las zonas por donde transita la cámara.

Aunque el documental transcurre sin diálogos, no hay silencio como uno podría esperar de ese lugar, sino un ruido sostenido de máquinas en actividad que se va percibiendo con más claridad cuando la mirada cinematográfica abandona el camposanto y se aproxima al borde de un precipicio, justo al lado de donde está ubicado el cementerio. El sonido cada vez más intenso acompaña entonces a la cámara que va descubriendo el otro elemento indispensable de este documental único: en el fondo del precipicio, una docena de camiones operan depositando basuras en un estercolero. En la mirada cenital de la cámara se cruzan cientos de aves carroñeras esperando el momento de abalanzarse sobre los despojos… cuando terminen el trabajo de rebusca que otros tantos seres realizan en medio del basurero. Como telón de fondo de la imágenes, tras las aves en continuo movimiento, cientos de personas se mueven entre los desechos para aprovechan la basura y encontrar algo de sustento o paliativos para sus necesidades. El documental se remata con una alusión significativa a Infierno. Canto I de la Divina Comedia de Dante Alighieri: “A mitad del camino de la vida en una selva oscura me encontraba porque mi ruta me había extraviado”. Sub terrae es un documental sin palabras, impresionante en todos sus aspectos.