5 años de Marvin & Wayne (Óscar Brox)

Un día cualquiera es, dentro del programa de la muestra, el cortometraje que se acerca a la realidad con un pulso más firme. Su directora, Nayra Sanz, se propone como reto visibilizar aquello que permanece oculto en nuestra rutina: ese dolor silencioso, esa enfermedad latente cuyas trazas nos cuesta reconocer incluso cuando las vivimos. Su protagonista podría reflejar muchas de las enfermedades, físicas, sociales o emocionales, de nuestro tiempo. Sin embargo, su directora prefiere que cada gesto apunte en una misma dirección: a la ceguera que los otros, quien sabe si por ignorancia o deliberadamente, interponen con nuestros problemas. Así, el vómito o la compulsión no hieren tanto como esa palabra mal dicha o esa reflexión en voz alta que a nadie incumbe; un reproche tonto o un signo de paternalismo trasnochado. La protagonista sufre en la misma medida que sufrimos nosotros al observar la indiferencia de su entorno, la incapacidad para detectar ese daño, esa herida abierta, ese dolor inconsolable. Sanz mueve su cámara lo justo, constreñida a la dificultad con la que su protagonista enfrenta su rutina diaria. Lo dramático, parece decirnos, es que todo radica en una cuestión de percepción: o cómo ese día cualquiera puede encerrar un infierno que los otros nunca saben descifrar en nuestra mirada.